Un baño de bosque

Los urbanitas nos hemos convertido en “analfabetos de la naturaleza” porque desde hace años vivimos ajenos a ella y somos incapaces de reconocer sus estímulos. Nuestro enfrascamiento tecnológico reduce nuestro universo a pantallas -estamos más de 8 horas al día pendientes del móvil, la tablet, el ordenador o la tele- lo que nos ha llevado a un “síndrome de deficiencia de naturaleza” que la psicología ambiental relaciona con los grandes males de nuestro tiempo: el estrés, la ansiedad, la obesidad y la hiperactividad. Saltan las alarmas… ¡la vuelta a los espacios naturales es una necesidad!

Si a principios del siglo XX los médicos de todo el mundo proponían baños de mar terapéuticos, hoy los doctores japoneses recomiendan a sus pacientes baños de bosque (shinrin-yoku). Este término fue acuñado en 1982 por el gobierno nipón para intentar reducir la elevada tasa de suicidios y para acabar con la muerte por exceso de trabajo (karoshi). Treinta años después, más de 5 millones de japoneses disfrutan de los efectos curativos del bosque. Inspirada en la medicina tradicional china y en la veneración a la naturaleza del sintoísimo japonés, esta práctica se considera hoy medicina preventiva en Japón y la Agencia Forestal ha certificado más de 50 espacios naturales donde poder practicarla.

La terapia forestal es muy simple: consiste en caminar por la naturaleza en silencio, sin móviles, sin cámaras, sin cascos y concentrados en lo que nos nuestros sentidos detectan en el espacio natural que nos rodea. Los mensajes son múltiples: el olor de las plantas y de la tierra húmeda, el ruido del viento en las hojas de los árboles, el chasquido de la hojarasca bajo nuestros pies, el canto de los pájaros, la luz que se filtra por las ramas, los colores y texturas de hojas y cortezas de árboles… El paseo se combina con actividades paralelas como andar descalzo, ejercicios respiratorios, taichi o la recolección responsable de frutos silvestres de temporada. Se recomienda iniciarse en los baños de bosque de la mano de expertos que nos enseñen cómo llevar el paso, cómo respirar y cómo vivir la experiencia de manera consciente. Y practicarlo un mínimo de 4 horas 2 veces por semana durante 3 meses.

Pero ¿cuáles son los beneficios de esta “medicina del bosque”? Japón, Corea del Sur, EEUU, Finlandia, RU y Grecia lideran la investigación de  las propiedades curativas de los baños de bosque. La clave está en las fitoncidas, compuestos volátiles que desprenden los árboles (más cuanto más viejos) para defenderse de hongos, bacterias e insectos y que son la base de los aceites naturales utilizados en la aromaterapia. La exposición prolongada a estas sustancias tiene múltiples efectos beneficiosos para nuestra salud física y psicológica: bajan los niveles de glucosa en sangre, se reduce la presión sanguínea y se activa nuestro sistema inmunológico.  Pero es que además, las funciones cognitivas y ejecutivas del cerebro a través de las cuales resolvemos problemas, planificamos y tomamos decisiones parecen debilitarse en plena foresta a la par que se activa la parte del cerebro relacionada con el placer, la empatía o las emociones. Como resultado de todo esto, los niveles de ansiedad, depresión, angustia y fatiga se reducen.

No menos eficaz es el “efecto contemplativo”: admirar la grandeza de los árboles centenarios, emocionarnos al abrazarlos y al sentir su corteza rugosa en nuestros dedos, sentir cómo fluye la energía de la tierra a través de nuestro cuerpo… es un magnífico ejercicio de toma de consciencia de nuestra pequeñez y de lo efímero de nuestra existencia, lo que nos lleva a reconciliarnos con la idea de que somos parte de la naturaleza y no podemos vivir dándole la espalda.

Lamentablemente la medicina occidental no está preparada para recetar salud sino remedios a enfermedades, por lo que estamos lejos de que nuestros hospitales y médicos se familiaricen con las “recetas de baños de bosque”. Pero por fortuna no faltan iniciativas brillantes como el programa de Accionatura y la Universitat de Girona para la conservación de bosques maduros de Catalunya con árboles centenarios y bicentenarios que se salvan de la tala y se destinan a la creación de red de itinerarios forestales terapéuticos. ¡Es un magnífico y esperanzador comienzo!

Si no vives cerca del bosque, no desesperes: también en la ciudad puedes realizar esta práctica siempre que haya parques con árboles viejos. Si tampoco es el caso, siempre puedes dedicar una hora al día a contemplar tus plantas, a regarlas con mimo y a limpiarlas de hojas secas mientras disfrutas de una infusión con hierbas de tus propias macetas. Es la forma más simple de sentirnos unidos a la naturaleza sin salir de casa.

Reconocer y saber interpretar los estímulos de la naturaleza es una vuelta a nuestros orígenes y nos hace menos egoístas y más saludables y creativos. Los baños de bosque son una valiosa fórmula para aprender a ser básicos, a ser felices.

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