Azahar, el califa del abril cordobés

El turismo lento en Córdoba despierta curiosidad dentro y fuera de nuestras fronteras. Los últimos, touroperadores japoneses decididos a conocer las actividades slow de Caracol Tours. 12 horas entre la provincia y la capital para dar a conocer diferentes propuestas pausadas, esas que nos ayudan a difundir nuestras tradiciones contadas por los propios cordobeses. El tiempo acompañó, lució un sol espléndido y no pasamos de 22º. Pero es que además estamos en abril en plena explosión del azahar, el califa de la primavera cordobesa. Como los califas de Al-Andalus, el azahar viste de blanco impoluto y es todopoderoso y omnipresente. Es el dueño y señor de las calles y hogares de Córdoba. Se cuela en las conversaciones de los cordobeses y ocupa sus sentidos desde que salen de sus casas. Sosiega la vista con solo mirarlo y su aroma relaja las mentes fatigadas e inspira las almas de los artistas…

Siguiendo la huella del azahar, llegamos a Biovalle, el naranjal ecológico de Palma del Río y escenario de nuestra ruta “Entre naranjas”. Os dejo la descripción que Juan Salamanca, propietario y “currela”, hace de la mañana que pasamos junto a nuestros invitados. “Realizamos un recorrido a pie entre naranjos de más de medio siglo en el que conocieron algunos detalles del cultivo ecológico de cítricos. Pero sobre todo, nuestros viajeros dejaron volar los cinco sentidos ya que la visita estuvo más centrada en las sensaciones nacidas de verse inmersos en un cultivo ecológico de cítricos. Aprovechando el reciente inicio de la floración, el azahar se convirtió en el eje central a partir del que pivotó toda la visita. Las flores inmaculadas del naranjo fueron fotografiadas, olfateadas, acariciadas  y hasta bebidas, ya que probamos el dulce néctar que tanto aprecian las abejas en estas fechas. Pero además el grupo disfrutó buscando nidos de topillos en el suelo blando tras la lluvia, los avisperos entre el aloe y también alcachofas y espárragos silvestres hábilmente camuflados. Y por supuesto a lo largo de la ruta no faltó la degustación de los diferentes cítricos que aún permanecían en los árboles, directamente recolectados por cada participante: cadeneras, salustianas, pomelos rojos… El tiempo acompañó en esta agradable mañana que se hizo corta entre zumbidos de abejas, cantos y vuelos de aves y el crujir de la espesa hierba que tapiza las huertas de Biovalle y que en esta ocasión aparecía nevada de flores de azahar. Terminamos el paseo visitando un ejemplar de más de 50 años de mandarino de la variedad Satsuma, originaria de Japón, que sin duda supone una conexión entre ambas culturas. El momento más esperado llegó al relajarnos alrededor de la mesa, donde entre todos elaboramos diferentes platos que tenían como ingrediente principal la naranja ecológica, especialmente la cadenera. Platos a los que estamos muy acostumbrados por estos lares pero que provocaban cierto asombro  en los visitantes nipones, no muy acostumbrados a mezclar aceite virgen extra con naranjas, o a degustar la miel de azahar, sola o acompañando a las naranjas o a la impresionante hogaza de pan campero”.

Ya en Córdoba, viajamos en el tiempo en una tetería andalusí donde el té a la menta magrebí alcanzó cotas insospechadas de aroma con solo dos pétalos de azahar. Tiempo de silencio y de aroma reconfortante, tiempo de relax. Tiempo de azahar. La jornada continuó con una ruta de patios y otra de tabernas… pero eso lo dejamos para otro día… hoy nos despedimos con la reflexión de un buen amigo, que decía que “aunque el idioma y la cultura sean diferentes, la tranquilidad, la belleza de una flor y los buenos alimentos despiertan nuestros sentidos y nos unen inevitablemente”. Feliz Córdoba en abril.

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