Vivir despacio, viajar lento

Vamos a hablar de ir despacio por la vida, sin prisa ni presión. De poner en claro nuestras prioridades e intentar acabarlas de una en una. De dedicarnos miradas introspectivas que nos ayudarán a conocernos mejor. De aprender a decir que no y a disfrutar de momentos en silencio con nosotros mismos. De seguir los ritmos que marcan el día y la noche y las estaciones, porque también nosotros somos naturaleza. De vislumbrar cómo los modelos impuestos socialmente pueden no ser los más adecuados.

Vamos a definir nuestro modelo de vida, nuestro modelo de viaje.

Porque vivir es viajar y porque en cada viaje queremos vivir sensaciones nuevas. Como escuchar el viento entre las ramas de encinas y olivos centenarios. O cegarnos por el color radiante de un campo de naranjas bañado por sol. O emocionarnos al comprobar cómo cambia el tacto del girasol cada día, cómo crujen las uvas bajo nuestros pies, cómo bailan nuestros dedos en la cerámica resbaladiza. Queremos sentir como nuestro el sudor del bailaor que zapatea y el aliento del caballo que baila. Queremos admirar el brillo de la plata labrada e impregnarnos del olor inconfundible del cuero, que se mece en las manos del artesano. Y del olor de azahar y de pestiños y de ajos y de vino y de aceite… porque todo eso somos nosotros.

Hagamos el hermoso esfuerzo de reconocer nuestras raíces, de identificar nuestras tradiciones y de intentar vivir en paz con la Tierra, con el mundo y con nosotros mismos.

Eso es vivir despacio. Eso es viajar lento.

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